Del tercero intruso a la esfera pública
Sunday 21 of August
No pretendo discutir las tesis de Freud sobre el chiste, ni mucho menos criticarlas. Me basta con mostrar que también es legítima una explicación radicalmente distinta de ese mismo fenómeno. Y que esta explicación alternativa radica precisamente en algunas observaciones freudianas.
A diferencia de la situación cómica, que simplemente debe ser localizada y reconocida, el chiste, para Freud, es “creado”. Quien crea un chiste, hace algo nuevo: el comentario ingenioso, imprevisto (a menudo incluso para el propio autor) y no necesario, modifica las relaciones entre los presentes provocando que la comunicación descarrile: “Has tomado un baño?” le pregunta alguien a un amigo que está sucio. “¿Por qué? ¿Falta uno?”, responde el amigo, impertérrito. Es más, mientras que la dimensión cómica puede ser totalmente o en parte no lingüística, el chiste es exclusivamente verbal. Quien hace una réplica graciosa hace algo nuevo que, precisemos, no podría haber hecho sin palabras. La réplica transforma la situación en la que se inscribe, gracias a algunas de las prerrogativas semánticas y retóricas enumeradas por Freud al comienzo de su Witz: “asociación de elementos desiguales, contraste de representaciones, ‘sentido del absurdo’, la sucesión de estupor e iluminación, revelación de lo que estaba oculto, una peculiar concisión”.
Hacer algo nuevo con palabras: esta característica general no permite, sin embargo, entender completamente la naturaleza de los chistes. De por sí, no discrimina suficientemente: también quien elabora una metáfora ingeniosa hace algo nuevo con palabras. Por otro lado, el identikit freudiano de la creatividad verbal que opera en el chiste sugiere, de manera preliminar, una afinidad entre el “trabajo ingenioso” y el “trabajo onírico”: también el soñador, de hecho, procede por “la asociación de elementos desiguales, el contraste de representaciones, el sentido del absurdo”. La distancia que separa los chistes de otras formas de invención lingüística, pero también y sobre todo del sueño, la avala incluso Freud mismo, cuando subraya -en varias ocasiones y en los contextos más diversos, tal y como ocurre con cada refrain que se precie- el papel nulo que desempeña, sólo en el chiste, la así llamada “tercera persona”. ¿De qué se trata?
A diferencia de la situación cómica, que simplemente debe ser localizada y reconocida, el chiste, para Freud, es “creado”. Quien crea un chiste, hace algo nuevo: el comentario ingenioso, imprevisto (a menudo incluso para el propio autor) y no necesario, modifica las relaciones entre los presentes provocando que la comunicación descarrile...
Paolo Virno es profesor de filosofía en la Universidad de Calabria. Tiene varios libros publicados en castellano por Traficantes de sueños: Virtuosismo y revolución. La acción política en la era del desencanto, Gramática de la multitud. para un análisis de las formas de vida contemporáneas y Cuando el verbo se hace carne. Lenguaje y naturaleza humanas.




