Club Fernando Pessoa
Thursday 16 of June
“Club Fernando Pessoa” de la Sociedad Doctor Alonso comienza con un juego de luces que resulta muy revelador. Paralelos a la pared del fondo hay una docena de focos que forman una cuadrícula. Poco a poco se enciende el primero en la esquina superior izquierda, y luego el de al lado siguiendo la misma intensidad creciente, hasta completar una fila, y luego la fila inferior se ilumina siguiendo el mismo patrón, siempre con la misma lógica hasta que finalmente toda la cuadrícula se ha iluminado. A continuación se inicia el mismo juego siguiendo las columnas en vez de las filas y más tarde se completan otras progresiones que siempre implican una lenta evolución. De repente, todos los focos lanzan dos destellos intermitentes con apenas medio segundo de intervalo y el público se ríe.
Si al leer estas líneas resulta difícil imaginar qué puede tener esto de gracioso, en directo tampoco se deduce de forma inmediata por qué lo es.
Y sin embargo la causa es una de las más citadas en las teorías sobre el humor: la incongruencia. La lógica lenta y progresiva con la que se desarrollan los focos contrasta con los dos destellos súbitos y estos no encajan con el orden que se había establecido.
Aunque no siempre sea éste el mecanismo cómico, el análisis que los tres protagonistas hacen palabra por palabra de la frase de Pessoa -“Cuántas veces yo mismo, que me río de semejantes seducciones de la distracción, me encuentro suponiendo que sería bueno ser célebre, que sería agradable ser mimado, que sería brillante ser triunfal”- a menudo también hace reír por su incongruencia.
Me interesa este fenómeno para hablar, de forma parcial y sintética, de la relación entre lo cómico y la razón.
Por un lado, hay que subrayar el papel de la razón al abstraer la lógica que subyace en la evolución de los focos. Sin embargo, cuando esta lógica se abandona de golpe, reímos sin saber por qué –a no ser que analicemos la situación- y reaccionamos físicamente (la risa como afecto, como cita Anne Passant en su comentario sobre “Ya llegan los personajes”).
De esta manera, se establece primero un orden, luego éste se desvanece y esto provoca un regocijo. El gozo emana pues de una no comprensión, de la imposibilidad de la lógica para dar cuenta de una situación.
Como reacción ante lo que no podemos entender, no es de extrañar que numerosos autores hayan relacionado la risa con lo religioso. Como dice Peter Berger, “la incongruencia es cósmica (…) Precisamente por esto es posible considerar lo cómico como una antecámara de la fe religiosa”.
Pero en relación con aquello que no entra en el orden lógico, lo cómico también está vinculado simbólicamente con la locura. ¿Acaso en “Club Fernando Pessoa” lo cómico no surge del contraste entre la seriedad con la que los intérpretes se sientan alrededor de la mesa y el comportamiento “alocado” que muestran al analizar las palabras? Erasmo cita lo cómico una y otra vez en su “Elogio de la locura”.
En este sentido resulta significativo que las últimas palabras de “Club Fernando Pessoa” sean una grabación de Luis Carlos Viejo, un apasionado de Pessoa que ha sufrido “trastornos psiquiátricos”.
Para señalar la capacidad de lo cómico de cuestionar el orden y la razón, propongo finalizar este texto con una manipulación del célebre párrafo que cierra la “Historia de la locura” de Foucault, sustituyendo la locura por lo cómico y los artistas por humoristas. A pesar de que se trata de una extrapolación muy grosera, que cada uno decida por sí mismo si se puede salvar una fracción mínima de semejante afirmación:
“Astuto y nuevo triunfo de lo cómico: el mundo, que creía medirlo y justificarlo por la filosofía, debe justificarse ante él, puesto que en sus esfuerzos y en sus debates, se mide en la medida de obras como la de Lenny Bruce, de Woody Allen, de Monty Phyton. Y nada en él, sobre todo aquello que puede conocer de lo cómico, le da la seguridad de que esas obras cómicas lo justifican.”


