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Estamos aprendiendo

Friday 24 of June

Escribo este texto bajo el epígrafe “Estamos aprendiendo” no porque quiera enfatizar que los autores de estos trabajos son alumnos de un curso universitario, sino para mostrar lo que su práctica tiene en común con la de cualquier otro artista. Si el objetivo de esta práctica es la producción de conocimiento, todo proceso tiene como objetivo el descubrimiento de un saber por parte del artista que, más tarde, pasa al espectador mediante la presentación del trabajo. Parodiando el nombre de un ciclo de proyecciones que tiene lugar ahora mismo en el MACBA, “No podemos prometer que hagamos otra cosa sino aprender”.

Si bien el aprendizaje es un objetivo universal no existe un único método para lograrlo. A menudo descubrir cuál es el sistema adecuado para cada proceso forma parte del hallazgo del saber que más tarde puede conducir a un determinado punto de llegada.

Por eso, antes de describir los trabajos habría que hablar de cómo se ha llegado a estos resultados. En primer lugar, estos se habrán vistos indudablemente influenciados por la información que ofrece el máster. Aunque por desgracia algunos artistas terminen por olvidarlo, amasar información es el requisito indispensable para transformarla.

Por otro lado, a pesar de que sólo he visto a los participantes del máster trabajar en In-presentable, resulta encomiable la capacidad que han tenido para crear de forma colectiva en algunos proyectos, entendiendo que el trabajo está en primer plano y que éste es más importante que cualquier objetivo que cualquiera de ellos pueda marcarse por separado. También habría mucho que decir de la energía que han volcado las tutoras tanto para facilitar la emergencia de los trabajos como para cuestionarlos sin concesiones. Estamos aprendiendo, pero por encima de todo estamos trabajando.

“Poner los puntos sobre las íes” es una pieza para tres intérpretes de una considerable complejidad coreográfica que cuenta como materia prima carteles de color verde que se mimetizan con la imagen corporativa de la Casa Encendida. Nada más salir una de las intérpretes se pega en la camiseta uno de estos carteles donde se lee “Punto itinerante”, mientras que las otras dos adhieren sobre su ropa carteles de “Punto solidario” y “Punto a seguir”. Inmediatamente el “Punto itinerante” desaparece y el público se desplaza con el “Punto a seguir”, que va acompañado del “Punto solidario”. Este último ayudará a su compañera a pegar carteles que juegan tanto con la idea como con el nombre de “punto” y que se confundirán con los rótulos que señalizan la Casa Encendida. Así pues transitamos por el inmueble y el cajero automático se señaliza con un cartel de “Punto capital”, la máquina de café se convierte en un “Punto de ebullición”, tres botones se transforman en “Puntos suspensivos” y sobre una puerta se coloca un cartel de “Punto de fuga”. Los carteles funcionan como pies de foto, restringiendo la multiplicidad de interpretaciones a las que se presta la imagen para acotarla en una dirección.

La coreografía se construye tanto con el movimiento del público, que debe transitar según el recorrido que se le sugiere, como mediante la acción repetitiva de sacar los carteles y pegarlos sobre la pared, lo cual imprime ritmo a la propuesta. Más allá del interés que supone cada cartel (un nuevo juego de palabras), también causa cierto regocijo la transformación paulatina del espacio políticamente correcto de la Casa Encendida. Pero probablemente los momentos más interesantes de la acción aparecen cuando el “Punto itinerante” entra en juego. Así pues el cartel donde se lee “Calamares en su punto” y bajo el cual hay un lunar verde permanece imposible de descifrar hasta que, un par de carteles más tarde, el punto itinerante coloca un plato de calamares sobre el lunar verde. O bien el agujero en medio del cartel donde se lee “Punto de mira” nos permite saludar al “Punto itinerante” que nos saluda a su vez desde una ventana al otro lado del patio, creando así lo que Ana Buitrago denominaría “arquitecturas de la mirada” hasta llegar al “Punto final” de la propuesta.

La instalación de vídeo “Trio C” muestra tres montajes de animación stop-motion donde unos briks de leche interpretan coreografías canónicas: "El lago de los cisnes", "CRWDSPCR" de Merce Cunningham y “Véronique Doisneau” de Jérôme Bel. Si bien el interés de las dos primeras piezas estriba en un cierto virtuosismo técnico y en la capacidad de los briks para evocar en la imaginación las coreografías originales, la tercera pieza muestra tan sólo un brik inmóvil con la voz de Doisneau y los subtítulos correspondientes. Esta última pieza resulta esencial para que el énfasis caiga en el discurso y que los tres vídeos se lean como una pequeña historia de la danza.

“Who wants to know Acerina Amador?” consiste en una experiencia site-specific donde Acerina invita a un desconocido/a a encontrarse con ella en un ascensor. Así, el espacio público del ascensor acoge un encuentro íntimo que interfiere con la dinámica funcional de la cabina y donde los visitantes del edificio se convierten en espectadores inesperados.

El vídeo “Tomates secos no es nada” desarrolla una fábula documental alrededor del mismo Máster de Práctica Escénica con la historia de un alumno que habría desaparecido del mismo, poniendo de relieve el contexto y las dudas que surgen alrededor de un proceso de creación.

Al igual que “Poner los puntos sobre las íes”, “Visita guiada” constituye un recorrido por la Casa Encendida, pero esta vez se toma como punto de referencia el formato estándar de una “visita guiada”. La visita empieza con datos arquitectónicos que resultan plausibles, pero la información que recibe el espectador se hace cada vez menos creíble y convierte el lugar en escenario de extraños fenómenos, donde los cambiadores de pañales sirven para calmar el hambre de los conferenciantes, las cámaras de videovigilancia evalúan la creatividad de los empleados, las taquillas se transforman en nichos y “puertas negras” nos conducen a espacios lejanos. Al final de la visita, debemos rellenar una inusual encuesta para valorar lo que hemos aprendido y se nos obsequia con un bocadillo donde la tortilla de patatas tiene una intensa coloración rosa.

Los alumnos que han creado estas piezas son Verónica Eguaras, Marisol López, Germán de la Riva, Acerina Ramos, Ana Martos, Malena Guzmán, Daniela Marini y Lucas F. Barrutia. Han ejercido de tutoras Amalia Fernández y Cuqui Jerez. Coordinador: Juan Domínguez.